A simple vista, dos polos pueden parecer bastante similares. Ambos pueden tener manga corta, cuello, una pequeña tapeta con botones e incluso compartir composición. Sin embargo, cuando nos los ponemos pueden quedar y comportarse de manera muy diferente.

El tejido influye, pero también lo hacen el corte, la forma del cuello, la longitud de la prenda y algunos detalles de construcción. Incluso el uso que pensamos darle debería formar parte de la elección.

Por eso, elegir un polo no consiste únicamente en encontrar un color que nos guste. Hay algunas características que merece la pena observar antes.

El tejido es un buen punto de partida

La composición nos permite saber qué fibras se han utilizado para confeccionar el polo, pero no explica por sí sola cómo será la prenda.

Dos polos de algodón pueden tener diferente grosor, textura o estructura dependiendo de cómo esté construido el tejido. Por eso, leer “100 % algodón” en una etiqueta aporta información, pero no permite anticipar por completo cómo se sentirá el polo al llevarlo.

También importa el grosor. Un tejido más ligero puede resultar interesante cuando buscamos una prenda para los meses de más calor, mientras que otro con mayor cuerpo tendrá una presencia diferente.

Más que buscar una composición concreta de forma aislada, conviene observar cómo se traduce en la prenda que tenemos delante.

El corte cambia bastante cómo queda un polo

El tejido nos habla de una parte de la prenda. El corte determina otra igual de importante: cómo se relaciona con nuestro cuerpo.

Un polo demasiado ajustado puede marcar más de lo que buscamos y limitar el movimiento. En el extremo contrario, uno excesivamente amplio puede perder la forma que esperamos de este tipo de prenda.

No existe un único ajuste correcto para todo el mundo. Dependerá de nuestra constitución, de cómo nos guste vestir y también del propio diseño del polo.

Hay una comprobación sencilla que ayuda bastante: observar cómo cae desde los hombros y qué ocurre en pecho, cintura y mangas sin fijarnos únicamente en la talla de la etiqueta. Dos prendas de la misma talla no tienen por qué tener las mismas proporciones.

La longitud también cuenta. Especialmente si tenemos pensado llevar el polo por fuera del pantalón, conviene comprobar dónde termina y cómo afecta esa proporción al conjunto.

Cuello y tapeta también forman parte de la elección

El cuello es probablemente el elemento que más fácilmente distingue un polo de una camiseta, pero no todos los cuellos se comportan de la misma manera.

Su construcción y consistencia influyen en cómo mantiene la forma cuando llevamos la prenda puesta. Lo mismo sucede con la tapeta y los botones: son detalles pequeños, pero ocupan una zona especialmente visible.

Aquí no hace falta buscar elementos llamativos. Un cuello que mantenga bien su posición y una tapeta proporcionada respecto al resto de la prenda pueden ser suficientes.

También merece la pena observar cómo mantienen la forma estas partes con el uso y los lavados. En una prenda que utilizamos con frecuencia, el comportamiento del cuello termina teniendo bastante importancia en su aspecto general.

Pensar cuándo vamos a utilizarlo ayuda a elegir

Antes de decidir entre varios polos puede ser útil hacerse una pregunta sencilla: ¿para qué quiero este polo?

Si lo buscamos principalmente para los meses de calor, probablemente prestemos más atención al tejido, su grosor y la sensación que ofrece al llevarlo. Si queremos utilizarlo en momentos y épocas diferentes, tendremos que valorar el conjunto de la prenda y no únicamente su comportamiento con temperaturas altas.

También puede cambiar lo que esperamos del corte. Hay quien busca un polo para situaciones muy relajadas y quien quiere utilizarlo en momentos en los que una camiseta le resulta demasiado informal, pero tampoco necesita llevar camisa.

Eso no convierte automáticamente al polo en un punto intermedio entre ambas prendas. El contexto y el resto del conjunto seguirán determinando cómo se percibe.

Si la elección está especialmente condicionada por las temperaturas, en nuestra guía sobre cómo vestir en verano explicamos con más detalle qué papel tienen el tejido, el corte y las diferentes prendas cuando hace calor.

¿Y el color?

El color importa, pero no necesariamente tiene que ser el primer criterio.

Si un polo no tiene el corte que buscamos o su tejido no encaja con el uso que queremos darle, probablemente no vaya a convertirse en una buena elección simplemente porque nos guste el tono.

Una vez resueltas esas cuestiones, sí tiene sentido pensar en el armario que ya tenemos. Un color que podamos utilizar con varios de nuestros pantalones será más fácil de incorporar que otro que nos obligue a construir combinaciones muy concretas.

Eso tampoco significa que siempre debamos elegir los tonos más neutros. Podemos buscar precisamente un polo que introduzca un color diferente. Lo importante es saber qué papel queremos que tenga.

La cuestión de cómo combinar un polo según su color, el pantalón o la ocasión merece una explicación propia. Aquí basta con entender que el color debería formar parte de la elección, pero no sustituir al resto de características de la prenda.

Elegir un polo pensando en la prenda completa

Tejido, corte, cuello, longitud y color no funcionan de manera independiente. Son partes de una misma prenda y el resultado depende de cómo se relacionen entre ellas.

Por eso puede resultar más útil comparar dos polos puestos que limitarse a comparar sus fichas técnicas. La composición nos aporta información; después tenemos que comprobar cómo queda la prenda y si responde al uso que queremos darle.

En TRAMO trabajamos actualmente un mismo modelo de polo en diferentes colores. Comparten construcción y características, por lo que en este caso la elección entre ellos puede centrarse precisamente en qué color encaja mejor con lo que ya tenemos.

Puedes consultar las diferentes opciones en nuestra colección de polos.

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