Vestirse en verano no consiste simplemente en utilizar menos ropa. Cuando suben las temperaturas cambian los tejidos que resultan más agradables, la forma en la que llevamos algunas prendas y también lo que esperamos de ellas.

Hay días en los que una camiseta y unas bermudas son suficientes. Otros planes siguen pidiendo pantalón largo, camisa o incluso americana aunque haga calor. Entre ambos extremos hay muchas situaciones diferentes y no existe una única forma de resolverlas.

Por eso, más que buscar prendas que sirvan para todo el verano, tiene sentido entender qué podemos cambiar según la temperatura, el momento del día y el lugar al que vamos.

Con calor, el tejido importa tanto como la prenda

Dos camisas pueden parecer similares y comportarse de manera muy distinta cuando aumenta la temperatura. Lo mismo sucede con dos polos o dos camisetas.

El tejido es una de las razones. Su composición, grosor y construcción influyen en el tacto, la circulación del aire y la sensación que tenemos al llevar la prenda durante varias horas.

Pero tampoco trabaja solo. El corte importa.

El corte también cambia la sensación al llevar la prenda: no se comporta igual una camisa muy ajustada que otra con algo más de holgura. Esto no significa que tengamos que vestir con prendas excesivamente amplias durante todo el verano. Se trata, como casi siempre, de encontrar un equilibrio entre cómo queremos que quede la prenda y cómo vamos a utilizarla.

También conviene pensar en el conjunto completo. Elegir una camisa ligera pierde parte de su sentido si después añadimos varias capas que no necesitamos.

Camiseta, polo o camisa: no siempre tenemos que elegir lo mismo

Una camiseta suele ocupar los momentos más relajados del verano. Vacaciones, playa, paseos o determinados planes durante el día permiten vestir de una manera sencilla sin necesidad de añadir demasiadas prendas.

En nuestra colección de camisetas puedes elegir entre los diferentes modelos que actualmente tenemos en TRAMO.

El polo abre otras posibilidades. Sigue siendo una prenda fácil de llevar, pero el cuello y su propia construcción cambian el aspecto del conjunto. Puede funcionar con bermudas en un contexto relajado y también con unos chinos cuando queremos alejarnos algo de la camiseta sin pasar directamente a una camisa.

En nuestra colección de polos puedes ver las distintas opciones que trabajamos actualmente en TRAMO.

La camisa amplía todavía más las situaciones posibles, aunque aquí el tejido empieza a ser especialmente importante.

Una camisa de lino puede tener sentido cuando hace calor y buscamos una caída más relajada. Si queremos entender mejor cómo se comporta este tejido, sus arrugas o en qué situaciones elegirlo, podemos profundizar en las características de las camisas de lino.

El algodón ofrece muchas posibilidades diferentes porque no existe una única forma de construir una camisa con este tejido. Algunas tienen mayor estructura y otras son considerablemente más ligeras. Por eso la composición por sí sola tampoco cuenta toda la historia, para saber más puede leer nuestro artículo sobre las características de las camisas de algodón

Si la camisa encaja mejor con lo que buscas, puedes consultar nuestra colección de camisas, donde encontrarás opciones de algodón, Oxford y lino.

No hace falta elegir una y descartar las demás. Camiseta, polo y camisa pueden tener su momento a lo largo del verano.

El verano también cambia a lo largo del día

Pensar en verano como una única situación puede llevarnos a simplificar demasiado.

No vestimos necesariamente igual para pasar una mañana cerca del mar que para salir a cenar esa misma noche. Tampoco pide lo mismo una tarde de vacaciones que una comida, una reunión o una celebración.

Durante el día, cuando las temperaturas son más altas, normalmente agradecemos reducir capas y utilizar prendas ligeras. Las bermudas pueden tener sentido en muchos de esos contextos, igual que una camiseta o un polo.

Por la noche aparecen otras posibilidades. Dependiendo de la temperatura y del plan, podemos recuperar pantalones largos, llevar una camisa o introducir prendas que durante las horas centrales del día resultarían menos cómodas.

Eso no significa que la noche convierta automáticamente un conjunto en formal. Simplemente amplía las opciones.

Pantalones y calzado también cuentan

Hablar de cómo vestir en verano únicamente desde la cintura hacia arriba dejaría fuera buena parte de la decisión.

Las bermudas tienen un espacio evidente cuando el contexto es informal, pero no todos los planes permiten utilizarlas. Unos chinos ligeros o determinados pantalones de verano pueden resolver esas situaciones en las que queremos o necesitamos llevar pantalón largo.

Con el calzado sucede algo parecido. Hay momentos para opciones más abiertas y relajadas y otros en los que unos mocasines o un calzado cerrado encajan mejor con el resto del conjunto.

Aquí tampoco hace falta establecer una regla general. El mismo polo puede cambiar bastante dependiendo de si lo llevamos con unas bermudas y un calzado informal o con unos chinos y unos mocasines.

Precisamente por eso conviene pensar en conjuntos y no únicamente en prendas aisladas.

Los colores claros ayudan, pero no solucionan el verano

Blanco, celeste, crema o beige aparecen con frecuencia cuando llega el calor. Son colores fáciles de relacionar con muchas prendas de verano y permiten construir combinaciones claras y sencillas.

Pero elegir un color claro no convierte automáticamente una prenda en adecuada para una temperatura alta.

Una camisa blanca de tejido grueso puede resultar menos agradable en pleno verano que otra más oscura confeccionada con una construcción mucho más ligera. Antes del color están el tejido, su grosor, el corte y la forma en la que vamos a utilizar la prenda.

El color entra después, cuando pensamos cómo queremos combinarla y qué lugar ocupará dentro del armario.

Hay situaciones en las que no podemos vestir únicamente pensando en el calor

Una celebración, una reunión de trabajo o cualquier situación con un determinado código de vestimenta puede exigir pantalón largo, camisa, americana o incluso traje aunque sea verano.

En estos casos tenemos menos margen para eliminar prendas, pero seguimos pudiendo tomar decisiones sobre los tejidos, el grosor de las prendas y las combinaciones que utilizamos.

En otros momentos ocurre justo lo contrario. Si estamos de vacaciones, paseando junto al mar o pasando el día al aire libre, probablemente no necesitemos añadir formalidad donde el contexto no la pide.

Vestirse en verano consiste precisamente en encontrar ese equilibrio. No hay una camiseta, un polo o una camisa capaces de resolver todos los días y todas las situaciones. La temperatura importa, pero también importa qué vamos a hacer, dónde vamos a estar y cómo queremos vestirnos.

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